Epílogo
En esta historia aprendemos que cuando desobedecemos, a veces puede parecer
razonable ante nuestros ojos; incluso podemos disfrutar haciendo cosas incorrectas.
Otra cosa que aprendemos es que lo que es adecuado para una persona no siempre
es bueno para otra. Por ejemplo, Sam, siendo un cerdo, no habría quedado atrapado
en el barro como Frankey, porque a los cerdos les encanta el barro y habría sido lo
suficientemente grande como para mantener abierto el hoyo del barro.
Frankey, por otro lado, era una rana, y hubiera sido mucho mejor para él estar en un pozo de agua. Muchos de nosotros a veces nos encontramos en la posición de Frankey. Sin embargo, al final siempre descubrimos que el resultado puede ser doloroso e incluso peligroso.
Frankey lo descubrió de la manera más difícil porque fue desobediente. A pesar de las cosas malas que a veces hacemos, nuestros seres queridos nunca se dan por vencidos con nosotros. Siempre estarán ahí para animarnos en los momentos difíciles de la vida